El monumento a la sardinera de Santurtzi está de cumpleaños. El símbolo más famoso y emblemático de la localidad marinera (con permiso de la Virgen del Carmen) tiene ya 50 años. Y había que celebrar tan magno acontecimiento. Por eso este sábado (27 de setiembre de 2014) la sardinera esculpida por el bilbaíno Laucarini aparecía flanqueada por gigantes y cabezudos, réplicas también de la emblemática figura de la sardinera.

Para esculpirla, allá por 1964, su autor se inspiró en Rosario Santín, más conocida como  «La bella Charo«, una de las última sardineras de la villa marinera, y de la que se cuenta que posó para el artista a escondidas del marido.

Monumento a la Sardinera de Santutzi flanqueda por gigantes y cabezudos

Monumento a la Sardinera de Santutzi flanqueda por gigantes y cabezudos

Cientos de mujeres ataviadas como las antiguas sardineras pintaron de morado Santurtzi y el camino que va hasta el museo Rialia de Portugalete, emulando en parte el recorrido que hacían las antiguas sardineras.

Homenaje a las sardineras de Santurtzi

Homenaje a las sardineras de Santurtzi

Ya en el final del trayecto cada una de las mujeres participantes en el Día de la Sardinera recibieron un pin. La fiesta volverá a repetirse cada año coincidiendo con el último sábado de setiembre.

Pin conmemorativo 50 aniversario del monumento a la sardinera de Santurtzi

Pin conmemorativo 50 aniversario del monumento a la sardinera de Santurtzi

Cuentan las crónicas que para la pesca de la sardina las embarcaciones zarpaban del puerto el caer la noche, y ayudados de lámparas que iluminaban las aguas del abra del Nervión, atraían a los peces hacia sus redes.

Al amanecer, las mujeres esperaban desde lo alto de Mamariga la llegada de los barcos a puerto. Desde allí veían si los pescadores traían el redeño en alto. Aquello significaba que había habido capturas, así que agarraban sus cestas y corrían a la subasta.

Ya en la lonja había que estar atentas para obtener el mejor pescado. Entonces lo colocaban en la cesta y luego sobre su cabeza. Allí podían meter hasta 600 sardinas.

No era exactamente así, pero es como lucía el sombrero una de las mujeres participantes de la fiesta.

Sombre cesta de sardinas

Sombre cesta de sardinas

Luego con la falda arremangada, después de recoger la saya en su cintura y con los pies descalzos, emprendían el camino hacia Bilbao para vender las sardinas y otros pescados. Unos diez kilómetros de trayecto que tardaban en realizar un par de horas.

La que primero llegaba podía vender su mercancía con más facilidad y sin que nadie le hiciera la competencia así que corrían todo el camino sin detenerse un momento. La recompensa era poder sacar por docena dos o cuatro cuartos más que cuando ya llegaban todas.

Nosotras ayer nos las comimos. Porque había romería y sardinada en el Puerto. Era día de fiesta.

Sardinada en el Puerto de Santurtzi

ardinada en el Puerto de Santurtzi

«Sardina fresca» era el grito de las sardineras y el diálogo que se entablaba con las mujeres, la una en la calle y la otra asomada a su balcón venía a ser así, según cuentan las crónicas periodísticas del siglo pasado:

¡Sardinaaaá frescaaaaaas! ¿Quién la quiere gordaaaá…? – ¡Sardinera…! ¿A cómo? – A ocho. – A cuatro. – Sí; más tarde. No puede ser menos de seis. – A cinco, ¿quiere? – Vaya, baje. ¡Sardina fresscaas! ¡Quién las quiere grandes!

Un diálogo que queda recogido en una de las canciones vascas más populares y que ha hecho a Santurtzi internacional gracias a sus sardineras, «Desde Santurce a Bilbao».

El día anterior Santurtzi le pidió a su patrona que el tiempo nos acompañara. Sólo hay que dar una vuelta al monumento que la representa y realizar una petición, según es costumbre. Y de verdad que la Virgen del Carmen se portó.

Virgen del Carmen en Santurtzi.

Virgen del Carmen en Santurtzi.