Bizkaia Bridge

Vista del Puente Bizkaia, Patrimonio Mundial. Foto de Getxo Turismo

Oficialmente denominado Puente Bizkaia, pero más conocido popularmente como Puente Colgante o Puente de Portugalete,  se erige así de elegante entre las dos orillas: la de la villa jarrilera y la de Getxo. A lo largo de su historia más de 650 millones de personas han cruzado en su barquilla ambos márgenes, y si contamos la distancia recorrida en algo más de un siglo habría dado ya 31 veces la vuelta a la tierra.

El Puente Colgante más elegante del mundo, al menos para los vizcaínos, guarda entre sus remaches miles de historias que vamos a descubrir en una de las visitas guiadas teatralizadas que cada fin de semana organiza la Oficina de Turismo de Getxo.

Empieza a las 11 y 20 y cuando llegamos ya están allí un grupo de catalanes que disfrutaron casi tanto como nosotras.
Andoni

Andoni Zarraga es quien nos guía en un viaje apasionante que nos transporta a los últimos años del siglo XIX y a la historia de esta audaz obra de ingeniería inaugurada en 1893.
Su diseñador fue el genial Alberto de Palacio, discípulo de Alexandre Gustave Eiffel. ¿Pero, quien mejor que él mismo nos puede contar su trabajo? Pues ahí estaba, a nuestro lado, admirando su gran obra y dispuesto a contarnos todos sus secretos.

Palacios

El actor que caracteriza a Alberto Palacio y a la derecha nuestro genial arquitecto

El actor que caracteriza al insigne personaje nos hablará  de lo innovadora que resultó en el momento la construcción de esta impresionante obra arquitectónica cuyas piezas están unidas por 400 mil remaches en una época en la que no existían las modernas técnicas de soldadura.

Cables, vigas, hierro de las minas vizcaínas, troncos de haya sumergidos en la ría desde hace más de 100 años siguen soportando esta colosal obra funcional y utilitaria que sólo en dos ocasiones estuvo fuera de uso: durante la guerra civil, cuando fue parcialmente volada para evitar el paso de las tropas de Franco, y hace unos años para ser pintado. El color se eligió por votación popular.

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El color del Puente Bizkaia fue elegido por votación popular y debe su nombre a las minas de las que se extrajo el hierro con que está construido el: “rojo veta Somorrostro”.

Para saber el porqué de la construcción de esta gran obra nos remontamos a la época dorada de Bizkaia, cuando  la explotación masiva del mineral de hierro. Entonces, la familia Aguirre, ricos comerciantes bilbaínos, compran gran cantidad de terrenos de marisma en lo que hoy es el barrio de Las Arenas y convierten el lugar en una auténtica ciudad de veraneo. Además de las imprescindibles “Casas de Baños”, contaba con todo lo necesario para atraer a la alta burguesía bilbaína, la aristocracia y los políticos de la época: hipódromo, campos de futbol, pistas de tenis, tiro de pichón, polo y aeródromo.

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Balneario de Igeretxe

portugalete

Antes de la construcción del Muelle de Hierro, Portugalete tenía una hermosa playa y las mejores ostras de Bizkaia.

Alberto de Palacio vivía en Portugalete, otro enclave de la burguesía acomodada del momento. Desde allí veía la necesidad de unir las dos márgenes de la ría sin interrumpir el paso de los barcos. El tráfico entre una y otra orilla se hacía en botes, lo que suponía un problema para el paso de los navíos.

En 1888 plantea a las autoridades la construcción del Puente Bizkaia y dos años más tarde empieza la colosal obra. Curiosamente la financiación del puente no salió de los acomodados bolsillos del Olimpo financiero bilbaíno sino de doce modestos empresarios ligados al comercio y la industria ligera.

Varias disputas entre el arquitecto vasco y el contratista francés encargado de la obra Ferdinand Joseph Arnodin, pusieron en peligro en más de una ocasión el desarrollo de la obra. El francés era pragmático y con mentalidad empresarial, mientras que Palacio vivía el puente como un sueño personal e imaginaba siempre continuas mejoras no dando nunca por definitivos los planos.

En un visionario alarde nuestro particular Leonardo da Vinci llegó a proponer instalar en el puente “cafés o restaurantes, ascensores y una pasarela superior”. Tenía claro que debía ser un recurso de ocio más entre el panorama de diversiones de la zona. Chapeau!!!

infanta

Para su inauguración en julio de 1893, la Infanta Isabel de Borbón se acercó al lugar. Quedó tan sorprendida que repitió hasta seis veces el viaje en barquilla y antes de marcharse, cual Shakira de la época, entrego a Alberto de Palacio una fotografía suya en recuerdo del acontecimiento.

En nuestro paseo aparece el dramático personaje de la sirguera, un devastador ejemplo del penoso trabajo realizado por mujeres que resultaban más baratas que los hombres o incluso que los  animales de tiro. Antes de la construcción del Muelle de Hierro de Portugalete, grandes arenales dificultaban en extremo la entrada de los barcos en la ría. La carga era transportada a gabarras y entonces comenzaba el duro e inhumano trabajo de las sirgueras, mujeres que en cuadrillas de cuatro arrastraban  en hilera las gabarras mediante unas maromas o “sirgas” que ceñían a su cintura y  a su cabeza.  Así lo hicieron durante años hasta que la muerte por agotamiento de una de ellas obligó a utilizar animales de tiro.

Sirguera

La dificultad que suponía la barra de arena hizo surgir otras profesiones como la de “piloto leman”, los encargados de guiar los barcos a puerto.  La mayoría de ellos eran oriundos de puerto viejo de Algorta, Zierbena, Santurtzi y Portugalete. Desde puntos clave de sus respectivos pueblos vigilaban constantemente el mar para avistar la entrada de los barcos y ser los primeros en salir en las traineras para guiar al barco entre los arenales en su entrada al puerto. ¿Vendrán de ahí las regatas de traineras? Lo averiguaremos.

Felipa

La cantidad de historias que puede haber en unos metros de recorrido … La de Felipa de Bustingorri y la Casa de Baños que regentaba nos traslada a la moda de los baños, instaurada por Isabel II. No era habitual que una mujer tuviese la más mínima cota de poder, pero parece ser que Felipa era viuda y como tal se le permitió abrir su propio negocio. Entonces la aristocracia se bañaba vestida de la cabeza a los pies sin enseñar ni un milímetro de piel.

Estos peculiares trajes de baño llevaban plomos para que no flotase la tela y no creáis que se daban un “chombo” sin más. Nada de eso, agarrados a una barandilla se sumergían hasta la cabeza tres veces y… fuera.  Esa era la rutina de los ricos del momento: Baños por la mañana, tenis o golf por la tarde, y antes de caer el sol el paseo con lujosos atuendos acordes a su condición social, para ver y ser vistos.

Hay más historias, pero podeis descubrirlas cualquier fin de semana que os acerquéis al Puente de Bizkaia  para disfrutar de esta peculiar manera de conocer la historia. Sin reservas y por sólo 3 euros.

♪ Puente de Portugalete ♫ Tú eres el más elegante ♪ Puente de Portugalete ♫ el mejor Puente Colgante ♪  ♫